Alerta democrática en América Latina. El caso de Argentina. Conferencia del 21 de septiembre de 2022 en el Instituto de Formación Política Morena (CDMX). Federico Montero*
Conferencia – Alerta democrática en América Latina. El caso de Argentina
21 septiembre 2022 – INFP Morena (CDMX)
Introducción al Contexto Latinoamericano y la Disputa Hegemónica
Quiero hablar de Argentina, pero situándola en el contexto latinoamericano. Entiendo que en el ciclo de debates, en el seminario que vienen llevando adelante, han conversado ya sobre las características de los procesos en América Latina, sobre lo que ha sido la primera oleada de gobiernos populares a comienzos del Siglo XXI y las características que tiene esta segunda oleada.
Me gustaría, para poder abordar la situación que vive Argentina y la región en este contexto, situarnos un poquito en esta segunda oleada y qué características tiene. Intentaremos mirarlo desde un concepto que me parece relevante para entender la situación: el concepto de disputa hegemónica.
Este concepto nos ayuda a pensar que los procesos en cada país tienen su especificidad y surgen a partir de las características del escenario político nacional. No hay un «espíritu» que va recorriendo las distintas latitudes de América Latina y actúa de una forma concreta en cada lugar, sino más bien lo contrario. Hay procesos políticos que se organizan en torno a la escena de cada país, pero que se retroalimentan y sobre los cuales coinciden procesos más estructurales que tienen que ver con la dinámica geopolítica y la dinámica regional.
El concepto de disputa hegemónica me parece que nos puede ayudar a pensarlo, no haciendo una teoría y una exégesis de lo que significa, sino pensando en términos de disputa de bloques político-sociales, ideológicos, culturales, y cómo estos se desarticulan o se articulan a lo largo de la región.
El Peronismo en el Siglo XX y el Quiebre de 1983
Juan Domingo Perón fue un militar, pero fue un líder político democrático que ganó por elecciones. Intentó construir, intentó cambiar la matriz estructural de la Argentina, que es un país agroexportador que se insertaba en el sistema internacional a partir de la venta de materias primas a los centros capitalistas, fundamentalmente vinculado con Inglaterra. Lo que hizo el peronismo fue poner en marcha un proceso de industrialización que cambió la forma de inserción de la Argentina en el mundo, en el siglo XX.
La disputa es esta: cambiar la Argentina. Las clases dominantes en la Argentina intentaron desarticular este bloque político, consolidar la vigencia de una democracia que se recupera, pero ya en condiciones muy diferentes. Disminuyó la capacidad de producir transformaciones estructurales en la vida política. Se estableció una democracia fuertemente condicionada por los poderes fácticos: un poder económico que logra sustraerse de la discusión política, actores corporativos (como las Fuerzas Armadas y los grupos económicos) que, aunque no pudieran ser juzgados por una justicia ordinaria, seguían siendo factores fundamentales. El poder económico salió de la dictadura muy concentrado, mucho más concentrado, y el poder de los medios de comunicación que son crecientemente concentrados también.
El Régimen de Gobernabilidad Condicionada (1983-2001)
Lo que no tenía la derecha durante la vigencia de la democracia, desde 1983 hasta el 2001, era un instrumento de representación política propia, sino que se valía de la cooptación de los dos grandes partidos que existían en la Argentina: el Partido Radical y el propio Partido Peronista. Los dos tenían un origen popular, pero los dos, a través de los condicionamientos externos (del Fondo Monetario Internacional), de los condicionamientos internos (del poder económico), de los condicionamientos mediáticos y judiciales, armaron como un régimen de gobernabilidad por el cual podía haber una alternancia democrática entre esos dos partidos, pero el programa político era el mismo de siempre.
Acá yo creo que ustedes tuvieron algo que se llamó «Pacto por México», ¿no? Es como un modo de gobernabilidad tutelado por el Fondo Monetario Internacional y los poderes locales, que hace que las distintas estructuras partidarias se limiten a alternarse en el poder sin poder producir grandes transformaciones. Eso sucedió en la Argentina, como consecuencia de la dictadura, con intensidad desde 1983 hasta 2001.
Las consecuencias de esa democracia fueron reformas estructurales de carácter neoliberal, la reforma del Estado, la privatización de las grandes empresas públicas, la sensación de impunidad (durante esa época no se juzgaba a los militares) y una muy fuerte crisis de representación política. O sea, gobiernos que se van alternando en el poder y no producen transformaciones, producen una crisis de representación.
La Crisis de 2001 y el Surgimiento de Néstor y Cristina Kirchner
Eso, de la mano del estallido del orden económico postulado por el Fondo Monetario Internacional, generó la gran crisis que fue una crisis de régimen político y una crisis económica, donde estallaron las relaciones políticas, estalló la economía, los ahorros de las personas (el «corralito», no liberaban los depósitos), una crisis bancaria. La Argentina tuvo cinco presidentes en dos semanas, se fueron todos y hubo elecciones con dos candidatos desconocidos, lo que significó que, ante esa crisis de los partidos tradicionales, emerge una nueva fuerza liderada nuevamente por el peronismo, pero con elementos novedosos que en ese momento representaban en la Argentina una visión de fomento al desarrollo de la industria nacional y una posición soberana de la Argentina frente al escenario internacional.
A lo largo de la primera oleada de gobiernos populares, en Argentina se mantuvieron y perduraron la configuración de elementos que condicionan a la democracia: poderes corporativos que están sustraídos del debate democrático, fundamentalmente el Poder Judicial y el poder mediático, como dos elementos que ya se veían durante la etapa anterior y que eran una dificultad para el desarrollo de la política democrática. Dificultad porque tenían capacidad de veto sobre las decisiones del gobierno, pero también dificultad porque condicionaban la configuración de los actores políticos.
Los Condicionamientos Corporativos y el «Deep State»
Durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se intentó producir transformaciones y regulaciones sobre esas fuerzas, tanto sobre el poder económico (que fueron trabadas por el Poder Judicial) como sobre el poder mediático (la Ley de Medios, que fue trabada por el Poder Judicial).
Entonces ahí fue apareciendo un entramado que ya no eran los militares, como les dije hace un ratito (que eran el actor que tenía capacidad de veto durante el siglo XX para los avances populares durante el peronismo en el siglo XX), sino que la capacidad de veto que fue construyendo el poder económico en la Argentina sobre el avance democrático ahora pasa por el Poder Judicial, los medios de comunicación y un entramado de organizaciones que trabajan en la semi-oscuridad, en lo que sería el Deep State.
Este entramado de organizaciones de servicios de inteligencia, muy vinculadas con algunos sectores de la Policía Federal y de las distintas policías en la Argentina, también es un elemento, una masa de maniobra que está muy presente y que fue produciendo algunos hechos que conmovieron a la sociedad argentina.
El Atentado a Cristina Fernández de Kirchner
Esto no lo puedo dejar de vincular con el hecho más conmovedor que está atravesando la coyuntura argentina: el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner. Lo digo porque ya al final del gobierno de Cristina, este entramado de jueces, medios, poder económico y redes de los servicios de inteligencia estaban funcionando. De hecho, fueron un elemento central para condicionar la salida del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con la muerte de un fiscal que llevaba adelante la investigación sobre un atentado que había tenido la Argentina (el atentado en la AMIA, la asociación mutual de la comunidad israelí en la Argentina).
Este entramado fue configurándose sobre el final del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y es un elemento central para la política hoy.
El Surgimiento de la Derecha Propia: PRO y Mauricio Macri
El segundo elemento clave para entender la política de hoy en la Argentina es el surgimiento de una expresión política propia de la derecha y del poder económico que antes no lo tenía: el surgimiento de PRO con el liderazgo de Mauricio Macri. Ese es un elemento central y novedoso en la historia de la Argentina. Nunca antes la clase dominante en la Argentina había tenido una expresión orgánica propia con capacidad de disputar en condiciones democráticas una elección.
Nunca había sucedido eso porque en el siglo XIX había sido un régimen elitista, no democrático, entonces estaba restringida por el propio acceso a eso. Y desde el comienzo del siglo XX, cuando se dieron los distintos momentos de democratización, primero con Yrigoyenismo y después con el peronismo, la derecha, el poder económico en la Argentina, no había sabido, no había podido o no había querido construir una herramienta de representación política propia, y por eso recurrían a los golpes militares.
En las condiciones de la democracia que se dan desde 1983 y después de la crisis de representación, explota con el sistema por el cual el poder económico se manejaba con los dos partidos tradicionales, y decide construir un instrumento propio que es el partido liderado por Mauricio Macri, que construye a su alrededor una alianza con otras fuerzas. Eso es lo que le permite llegar al gobierno por la vía democrática a la derecha por primera vez en la historia de la Argentina, que fue en 2015.
El Gobierno de Macri y el Mega Endeudamiento
Durante el gobierno de Mauricio Macri, lo que hace la derecha es preocuparse no tanto por su viabilidad como programa de gobierno, sino por fortalecer los condicionantes que mencionamos antes, los condicionantes corporativos, para el escenario democrático en general, ya sea que siguieran o se fueran del gobierno. Fortalecer el poder y las capacidades del poder económico, del Poder Judicial, de los medios y de estos grupos de los servicios de inteligencia para condicionar cualquier desarrollo de la democracia.
Y a esto le sumaron el gran condicionante de la historia de la Argentina, que es el condicionante externo. Mauricio Macri llevó adelante el proceso de endeudamiento quizás más grande que se tenga memoria en la historia de la Argentina. Asumió con una deuda externa que representaba el 20-30% del Producto Bruto Interno y dejó la Argentina, cuando se fue, con una deuda externa cercana al 100% del Producto Bruto Interno. Lo cual implica grandes condicionantes no solo económicos, sino políticos. Endeudamiento de nuevo con el Fondo Monetario Internacional, endeudamiento de nuevo con los distintos actores del capitalismo financiero internacional, y una gran crisis económica, sobre todo de la mano de un proceso que también fue tomando características centrales, que es el proceso inflacionario en la Argentina.
Mauricio Macri fracasa en términos de gobierno porque pierde la elección con más de 10 puntos de diferencia. En general, en la Argentina los presidentes son reelectos (los mandatos son de cuatro años). Mauricio Macri no pudo reelegirse, es un fracaso desde ese punto de vista. Pero desde el punto de vista de su carácter de representante del bloque de la clase dominante en la Argentina y de la arquitectura de un conjunto de limitaciones para la acción política en el marco de esta disputa hegemónica, fue un éxito, porque construyó una jaula perfecta para la llegada al gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.
La Segunda Oleada Progresista: El Frente de Todos
Las características que asume este nuevo gobierno peronista en la Argentina son las propias de estos gobiernos de segunda oleada: condicionamientos fuertes externos, producto de la crisis internacional y la competencia de bloques; un actor de una derecha fuerte con capacidad de condicionar y con capacidad electoral (en el caso nuestro, el actor de esta nueva derecha es el PRO y su alianza, Juntos por el Cambio); y condicionantes no democráticos, actores con capacidad de veto para la acción política.
A eso se le suman las características propias del Frente de Todos, que es el formato de alianza que construye Cristina Fernández de Kirchner para llegar al gobierno. De hecho, es muy llamativo que Cristina Fernández de Kirchner, siendo la líder indiscutida del proceso popular en la Argentina, decide no ser ella la candidata a presidenta, sino ser candidata a vicepresidenta y postular como candidato a presidente a Alberto Fernández, con quien ella estaba bastante distanciada.
Alberto Fernández había sido un compañero histórico de Néstor y Cristina Kirchner antes de que lleguen al gobierno y había sido el jefe de gabinete de Néstor Kirchner hasta el 2008, cuando se produce el primer enfrentamiento con las patronales agropecuarias. Ahí Alberto Fernández se fue del gobierno y comenzó a ser más bien un opositor, primero de Néstor Kirchner y después de Cristina Fernández de Kirchner, y había intentado construir otras variantes del peronismo para competir con Cristina.
Cristina lo que decide es, en el marco de las dificultades que había tenido durante el macrismo y cómo se configuraba el nuevo gobierno, construir una alianza muy amplia apostando a una figura de consenso como Alberto Fernández, para intentar tender un puente de negociación con estos sectores del poder económico y sobre todo con otros sectores del peronismo para poder llegar al gobierno con volumen político.
Impacto de la Pandemia y Crisis Interna
En resumidas cuentas, casi todo lo que había sido parte del programa de gobierno del Frente de Todos de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner no se pudo cumplir, producto de que a los dos meses de que llegó al gobierno el Frente de Todos, irrumpe la pandemia. Fue algo que trastocó los planes del gobierno.
Alberto Fernández tuvo una posición muy fuerte junto con Cristina cuando se dio el debate a nivel internacional sobre la pandemia, a favor de tener una política sanitaria de cuidado de las personas, del desarrollo de las vacunas, del uso de barbijos. La derecha en la Argentina utilizó eso como un campo de delimitación y entonces hacía marchas quemando barbijos, etcétera, y fueron construyendo una dinámica de violencia política y simbólica muy fuerte.
Al ver la debilidad del gobierno argentino en relación a los condicionamientos externos (la negociación con el Fondo Monetario Internacional), a discusiones internas y a la propia figura de Alberto Fernández, fueron construyendo un discurso de odio muy fuerte, con manifestaciones públicas, con horcas, guillotinas con los nombres de Cristina y Alberto Fernández en las plazas públicas, con bolsas mortuorias con los nombres de los principales funcionarios que eran arrojadas en la calle.
Se fue armando como un clima raro entre grupos marginales (anti-vacunas, terraplanistas) con sectores de la derecha que iban emergiendo y que encontraban en las redes sociales un lugar de encuentro. Esto fue creando un clima político enrarecido que, de la mano de las limitaciones que tuvo el gobierno para implementar su programa electoral, fueron debilitando al dispositivo de Frente de Todos y significaron una derrota en las elecciones legislativas del 2021 muy grande. El Frente de Todos perdió cerca de 4 millones de votos en esa elección, consolidando una crisis, una discusión interna respecto del camino a seguir.
El Resurgimiento de Cristina y la Persecución Judicial
Eso fue un punto de inflexión para el gobierno del Frente de Todos en las dificultades como gobierno de esta segunda oleada y como dificultad ya no táctica sino estratégica que implicaba redefinir la identidad del Frente de Todos, porque se corría el riesgo de que al no poder producir cambios estructurales, al fortalecerse todos los actores que habían sido parte del entramado de condicionamientos (actores mediáticos, judiciales, etcétera), en un clima creciente de disputa de odio, en un clima de inflación donde desde el punto de vista económico no se pudo volver a sintonizar con un camino redistributivo, la propia base de sustentación del Frente de Todos (del peronismo) empezó a desconfiar del propio Frente de Todos. Y lo que sucedió fue que esas 4 millones de personas no es que votaron a la derecha, simplemente no fueron a votar.
Entonces se crearon las condiciones para una discusión interna muy grande donde Cristina, que había mantenido hasta ese momento una especie de segundo plano para no obstaculizar el gobierno y la figura del presidente Alberto Fernández, comenzó a dar un debate público respecto de la necesidad de retomar una orientación estratégica, de abordar los grandes problemas y los núcleos estructurales que impiden el desarrollo de la Argentina.
Comenzó a tener diálogos con el conjunto de los actores políticos y sociales de la Argentina, también con la derecha, incluso con los factores del poder. Cristina, haciendo uso de un pragmatismo muy grande, se reunió con la jefa del Comando Sur de Estados Unidos, con el embajador norteamericano, con economistas de la derecha, tratando de pararse como una persona que veía cómo venía esta crisis que se estaba larvando, una crisis que era una crisis ya no solamente del Frente de Todos, sino una crisis democrática.
Se vuelven a sentar en la Argentina las condiciones para una crisis de representación que pueda tener una salida violenta, de la mano de este clima enrarecido que se fue planteando.
En ese contexto donde emergía la figura de Cristina como un gran ordenador de la política argentina, emerge la persecución contra Cristina, que tiene como objetivo sacarla del centro de la cancha y aislarla del diálogo que tenía con otros sectores, reducirla solo al núcleo de los militantes que la apoyan.
Esto se dio en primer lugar con la reactivación de la persecución judicial contra Cristina, con una causa totalmente infundada que se lleva adelante: el estudio de la obra pública durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, donde los propios peritos indican que ahí no hay fallas, etcétera. Pero se armó un circo judicial con un fiscal que estuvo nueve días hablando, hizo un alegato de nueve días seguidos hablando, obviamente con todos los medios de comunicación cubriendo la acusación contra Cristina, con el objetivo de aislarla.
La Movilización Popular y el Intento de Magnicidio
Obviamente, eso generó una reacción popular en la Argentina. Hay una historia, una tradición de movilización muy grande frente a la persecución de los líderes populares. De hecho, el surgimiento del peronismo tiene como origen una movilización popular que fue el 17 de octubre, que se llama el Día de la Lealtad.
Cuando Cristina deja el gobierno, a los pocos meses, es convocada a declarar ya en una causa. En la Argentina no existe la figura del juez Moro, pero existía otra figura que era el juez Bonadío, que luego se murió, que tenía el mismo rol. La convoca a declarar, pero en esa primera convocatoria a declarar Cristina se presenta y la acompaña medio millón de personas que hace una movilización frente a los tribunales, y era como una forma de ponerle un límite al lawfare.
Ahora, en estas nuevas condiciones, cuando esto se reactiva en el marco de esta crisis, nuevamente hay una movilización popular muy grande para proteger a Cristina y una movilización que comienza a darse en torno a la propia casa de Cristina para acompañarla.
Se inicia un proceso de movilización en el marco de esta crisis, y en el marco de ese inicio del proceso de movilización se repone el clima de violencia política. Se intenta obstaculizar esa movilización mediante el uso de la policía de la ciudad de Buenos Aires, vallando los accesos a la casa de Cristina. La ciudad de Buenos Aires es gobernada por este gobierno de derecha (el PRO). Lo cual va generando un espiral de violencia durante una semana seguida de movilizaciones e intentos de que no se movilice.
Y ese espiral de violencia termina con el intento de magnicidio de Cristina Fernández de Kirchner el día primero de septiembre, donde una persona amartilla dos veces en la cabeza a Cristina y por milagro, por fortuna, o por lo que sea, eso no se produjo. Se está investigando las razones por las que eso no se produjo.
Pero eso fue un punto de inflexión en el marco de todo este clima que yo decía, y me interesa plantearlo porque se inscribe en este contexto de disputa hegemónica y de utilización de la violencia política como un elemento dentro de esa disputa hegemónica contra las fuerzas populares, que así como sucedió durante el siglo XX con ciertas características, ahora sucede con estas otras.
Consecuencias y el Peligro de una Salida Autoritaria
Eso fue un cimbronazo muy grande para la política argentina. Todavía estamos todos shockeados. Obviamente, la interpretación de este hecho es parte de la disputa política, porque se quiere instalar que es un grupito aislado de personas, un «loco aislado», un «lobo solitario». Pero cada vez es más claro y aparecen más indicios de que este grupo, que es un grupo raro, con características de personas extrañas, tiene mucha llegada con grupos vinculados a sectores que hacían inteligencia, grupos vinculados con los servicios también de inteligencia, con las fuerzas de seguridad. Existió planificación, existió financiamiento, etcétera.
Entonces estamos viendo cómo en la Argentina, ante la crisis por un lado económica, por otro lado ante las dificultades del Frente de Todos para ser fiel a su programa de gobierno, en este clima de violencia política, estos grupos que antes eran marginales ahora ocupan el centro de la escena en este marco de discusión política.
Para redondear y cerrar: hasta esta espiral, la discusión sobre Cristina estaba planteada en términos de cómo el Frente de Todos se daba a sí mismo y frente a la sociedad una discusión para retomar sus ejes estructurales, para no abandonar sus elementos programáticos por los cuales había llegado al gobierno y reconectar con la experiencia de lo que habían sido los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner (con la primera oleada de gobiernos progresistas en Argentina). Ese era el marco de la discusión y cómo se construía una plataforma política con capacidad de negociar con todos los actores, incluso con los opositores, para poder crear esto.
La consecuencia objetiva que ha tenido este espiral de violencia judicial, mediática y física sobre Cristina Fernández de Kirchner fue destruir la posibilidad de que esa discusión se dé, sumir al Frente de Todos de nuevo en una incertidumbre respecto de dónde ir, reposicionar la violencia y el discurso de odio en el escenario público, y como tal, preparar las condiciones para una salida autoritaria de esta crisis política a través de esta derecha, pero ahora ya con un discurso mucho más bolsonarista que pretendidamente democrático, como se tenía antes. Esas son las condiciones a grandes rasgos que definen hoy el escenario en la Argentina.
—–Ronda de Preguntas y Comentarios
Moderador: Muchas gracias por todo este contexto y la lección histórica, porque como mencionábamos, ya habíamos abordado algunos de los temas en la región y esto pues llega a darnos el golpe de realidad y también a darnos elementos de lo que muchas veces acá hemos discutido, en cuanto al rumbo de la nación y de la región.
Quisiera hacer unas puntualizaciones y pasaríamos a la ronda de preguntas, propuestas o comentarios.
Justo creo que esta estrategia que nos explicaste, cómo se fue generando, cómo se fue desarrollando, tiene muy claro cuál era la intención y lo que representa Cristina. Sabe que Cristina aglutina, era el símbolo de unidad (bueno, es el símbolo de unidad), pero también que entienden la capacidad para poder avanzar de este bloqueo del que nos esbozas en los diferentes rubros que se están enfrentando en la crisis.
Y que es nuestro deber como militantes internacionalistas llamar a la solidaridad también, visibilizar, hablar de este caso y alertar, porque estamos ahorita hablando del caso de Argentina, pero es una estrategia que se repite por toda la región y que empieza a trastocar y a instalarse en los distintos gobiernos populares, como le llamabas, y que tarde o temprano llegará o intentarán hacerlo en las diferentes latitudes de la región. Y tenemos que estar preparados, organizados y movilizados.
Eso me parece importante y que también tiene que haber un posicionamiento muy fuerte por parte de todos los actores a nivel internacional, de la movilización de los movimientos sociales, los distintos liderazgos, de que se está llegando a extremos de violencia institucional, judicial y violencia física que no se habían visto hasta hace décadas, que ya se habían retornado a otras estrategias que no estamos diciendo que no fueran violentas (porque al final es violencia institucional), pero ya al no ver la vía judicial, al ver que todas estas estrategias judiciales están trabadas, al ver que el uso de las instituciones, de los poderes fácticos, de los medios de comunicación ya no les da para ganar esta batalla, pues recurren al tema de la violencia, como fue hace décadas.
Entonces, que es una situación preocupante. Nosotros reiteramos nuestra solidaridad desde acá, desde México, y por supuesto que estamos al tanto de lo que sigue ocurriendo.
Pregunta 1: Peronismo, Cardenismo y Liderazgo Político
Asistente: Me gustaría utilizar una cosa interesante que planteas: cómo se compara al peronismo con el cardenismo aquí en México. El cardenismo sufrió de un terrible problema y es que puedes mantener un sexenio, después se acabó Cárdenas y se acabó el cardenismo. Hubieron ciertas tradiciones ahí rescatables, pero muchos comparamos de alguna manera, bajo el término populismo de Laclau, al obradorismo con el peronismo y con otros movimientos similares, que son caracterizados por la existencia de un liderazgo cuyo liderazgo permanece incluso después de la persona.
Ahora, nosotros no hemos llegado a ese punto en donde la persona deje el poder o termine de existir en el plano físico, pero que llegaremos hacia allá. Y me gustaría que nos pudieras compartir un poco cuáles son las claves para mantener este liderazgo vivo entre la población. Hay una mística muy interesante de la movilización argentina, de pronto no sé si estás en una barra del estadio de fútbol o en una manifestación política, lo cual es conmovedor y habla de una forma muy particular de entender la política, un ethos político que quizás podríamos compartir, analizar un poquito.
Pregunta 2: Radicalización de la Derecha y los «Libertarios»
Por otro lado, también quería preguntarte, además del rejuvenecimiento del lawfare (que es digamos lo que nos centra un poco), hay algunos asuntos periféricos. Hablabas de una crisis del gobierno de Alberto Fernández, un resurgimiento del liderazgo de Cristina. Y yo creo que uno de los signos de esa crisis es que vimos un par de actores políticos extraños, como los libertarios. Hay uno muy conocido en América Latina, Javier Milei, este tipo de diputado en Argentina. O sea, ¿qué pasó para que la derecha se tuviera que transportar de esta derecha pseudo-democrática, un poquito más neoliberal, etcétera, hacia una radicalidad muy fuerte (anti-vacunas, extraña, con conocidos psiquiátricos, hacia una radicalidad muy fuerte)?
Respuesta a las Preguntas
Radicalización de la Derecha y la Pandemia
Bien, bueno, arranco por la última. Sí, a ver, efectivamente es una radicalización de la derecha producto de… Yo creo que la pandemia tuvo mucho que ver con esto, porque esos grupos ya existían, pero algo pasó en la pandemia que todavía no terminamos de entender en los distintos escenarios donde esto sucedió, que trastocó los modos de la sociabilidad, los modos de la convivencia, el tema del individualismo y aceleró tendencias.
En realidad, muchos ingenuamente pensábamos que en la pandemia todos íbamos a reconocer la necesidad de cuidar al otro y que el Estado interviniera, y que íbamos a salir mejores. Creo que desde todo punto de vista (económico, geopolítico, estructural, subjetivo) la pandemia ha sido una tragedia a pesar de los enormes esfuerzos, de las enormes gestas solidarias que ha habido, de los roles del Estado.
La verdad que todo ha acelerado las peores tendencias, ha sido una oportunidad para concentrar el ingreso, para construir más pobres, para construir nuevas formas de dependencia. Ha mostrado lo peor, y en ese contexto, creo que en la Argentina voces que no es que no existieran antes, pero que no podían alzarse con impunidad porque el contexto social lo impedía, se atrevieron a correr los límites. O sea, de repente no era la izquierda la que planteaba los temas que corrían el límite de la conversación pública, sino la derecha se envalentonaba.
Y esto tiene que ver con una tendencia global, con nuestro amigo Steve Bannon y todas sus redes y el surgimiento de estos populismos autoritarios. Este tipo tramp, etcétera, son estas corrientes globales, su impacto económico y la generación de una masa disponible, resentida, sin capacidad de insertarse en un marco de sociabilidad, que encuentran en estos discursos una salida, una representación, etcétera. Y estos discursos ven esa interacción y avanzan, porque ven que no pasa nada, no hay sanción social. Sigue avanzando, entonces bueno, se van consolidando de esta manera.
Y en la Argentina, el liberalismo como tal, que nunca había sido una fuerza política muy importante, que siempre fue más autoritario (porque no hay una tradición de liberalismo democrático en la Argentina), encontró en estos personajes, que ni siquiera son liberales (los liberales reales se ofenderían), primero una vía de movilización de estas pasiones negativas ante todo. Son instrumentos de movilización de estas pasiones negativas potenciadas por la pandemia, y luego sobre esa base, la construcción de una cierta representación política que vamos a ver hasta dónde llega, hasta el punto que ha corrido el escenario político a la derecha y ha forzado a la centroderecha más tradicional, donde estaba el PRO, que también tenían elementos autoritarios, a que esos elementos autoritarios ahí adentro tuvieran una voz cantante cada vez más fuerte.
Esto, Mauricio Macri y el PRO cuando ganan en 2015, eran una especie de «obamistas» con bicicletas de bambú, que pretendían que iba a estar todo bien. Bueno, rápidamente luego, cuando gobernaron, ya se notó que no era eso, por los condicionantes estructurales. Y ahora con este discurso, los ha inclinado mucho, y es un factor de enorme preocupación.
Creo que ahí conecta el escenario argentino con una realidad más extendida: ¿qué se hace con esa gente? ¿Cómo se discute con esa gente? Hay quienes plantean que hay que dialogar, etcétera. Yo creo que (esto es una posición personal) se fortalecen en la medida que la propuesta popular, que la propuesta de izquierda, se debilita. Y todo tiene que ver con cómo uno concibe que ese diálogo tiene que suceder. Si uno piensa en un escenario marciano donde todos nos sentamos en una mesa y vamos a poner en juego las pretensiones de verdad de nuestros argumentos, eso no va a suceder. Los acuerdos pueden surgir producto de la necesidad de la traba política, de que uno se presente en el escenario político con capacidad para condicionar y al otro no le queda otra más que acordar. Los acuerdos son acuerdos cuando no hay otro remedio más que acordar y porque está obligado a hacerlo, no porque tiene la buena voluntad. Me parece que ahí hay un tema sobre cómo las fuerzas populares conciben la posibilidad de construir un marco de diálogo y de acuerdo que eso no está resuelto. Así que bueno, sí, es una gran incógnita qué va a suceder con estas fuerzas y el gran problema.
Más allá de que disputan naturalmente, hay otro problema, que es, por ejemplo, lo que tiene Brasil: Lula quizás gane la elección, pero el bolsonarismo es una realidad social y política que va a trascender la derrota electoral que pueda tener Bolsonaro en la elección y que va a condicionar la democracia en Brasil.
Peronismo, Cardenismo y la Teoría del Populismo
¿Y sobre el peronismo y populismo? Bueno, sí. Nuestro amigo Ernesto Laclau, que era argentino (era un militante de la izquierda nacional), cuando irrumpe el peronismo, la izquierda tiene una fuerte discusión: ¿qué hacemos con esto? Como irrumpe en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, muchos lo consideran una especie de expresión del fascismo sudamericano, porque bueno, era militar, tenía un discurso nacionalista, movilizaba a un sector del movimiento obrero, no estaba con el bloque democrático que se había armado a nivel internacional con la alianza entre la Unión Soviética y Estados Unidos para combatir el fascismo, y había viajado a Italia, había conocido la experiencia de Mussolini, tenía sus críticas a la democracia liberal.
Entonces, en el marco de ideas del siglo XX, mucha fuerza de izquierda lo concibieron como una expresión de ese autoritarismo, pero otra fuerza de izquierda no vieron su potencialidad. Y ahí hay una corriente que se llama la Izquierda Nacional, que está inspirada, tiene un vínculo con México porque está inspirada en los textos de Trotsky acá sobre México cuando estuvo viviendo acá en México, a la luz de su análisis del cardenismo. Y ahí lo que hace Laclau es a esta categoría populismo, que era como una categoría (yo soy politólogo, lamento admitir que soy politólogo), que para la ciencia política era como una categoría que no tenía entidad suficiente, que era como la versión deformada del régimen político virtuoso. Lo que la apuesta política de Laclau es darle entidad teórica y política a esa categoría y lo hace recobrando la categoría de bonapartismo sui generis que caracterizaba a Cárdenas.
Bueno, lo que hace Laclau es rastrear de ahí, porque él había militado en una fuerza política en la Argentina, tenía sus premisas en esas teorizaciones, que es una fuerza de la llamada Izquierda Nacional que la lideraba una persona que se llamaba Jorge Abelardo Ramos. Laclau había militado ahí en la Facultad de Filosofía y Letras, después se fue al exilio y agarró eso, un poco de la teoría de Gramsci (sacándole los condicionamientos estructurales), un poco del psicoanálisis, y armó esa teoría sobre el populismo, que es una teoría sobre las identidades políticas que a mí me parece muy explicativa y muy buena, pero insuficiente. Yo por eso volvería a la cuestión de disputa hegemónica y a la idea de voluntad nacional y popular, porque remite no solamente al plano de lo discursivo (aunque entendamos que el discurso tiene características materiales, etcétera) y permite ver de manera un poco más amplia la situación.
Aun así, más allá de esta discusión teórica, yo creo que el peronismo como una realidad histórica y política de Argentina persiste básicamente porque logró pasar de una experiencia histórica a ser una experiencia vital del pueblo argentino. Es una identidad popular. No es solamente una identidad política, sino que es una identidad popular. Y tiene, sobre todo en el movimiento obrero, una inercia de acción política y ha logrado concitar en su interior gran parte de la lucha de clases, vamos a decirlo así, que sucede al interior del peronismo. Ha tenido siempre un sector más vinculado con ideales de transformación, más cercanos a la izquierda, y un sector más burocrático, con intereses permanentes que lo vinculan mucho al Estado, a la estructura estatal. Por eso durante los 90 fue cooptado por el neoliberalismo y fue un instrumento, como les comentaba antes, de ese programa. Y luego de la crisis que eso significó, volvió a ser retomado por lo que es su historia y sus genuinas características.
Pero el peronismo no se resume en un partido, no se resume en una organización, sino que es más que nada esta identidad que es una identidad en disputa como tal. Por eso está bueno analizarlo desde el punto de vista del populismo. Yo creo que sí, la última versión del peronismo, que sería el kirchnerismo (que es el kirchnerismo), es muy parecida al obradorismo en el sentido. Y podemos pensar que el obradorismo es una forma del cardenismo también en esta etapa, por algo lo de la Cuarta Transformación. Entonces, me parece que ahí, más allá de la estructura institucional cómo fue cristalizando, podemos analizar que el PRI también tuvo esas idas y vueltas, esos giros neoliberales, esos giros autoritarios, como también lo tuvieron otros partidos. De hecho, Néstor Kirchner no era una figura central en el peronismo cuando llega al gobierno, era un gobernador de una provincia muy distante que había dado sus discusiones, y cuando llega al gobierno convoca a muchos que se habían ido del Partido Justicialista, de la expresión tradicional del peronismo, a muchos sectores de izquierda, a muchos nuevos movimientos sociales, pero en vez de armar una experiencia nueva por fuera del peronismo, utiliza toda esa potencia política para dar la discusión al interior, porque considera que el peronismo es una identidad política en la historia argentina demasiado importante como para abandonarla. Entonces produce esa discusión.
Federico Montero es docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y analista político especializado en política internacional. Director del Observatorio del Sur Global.
